A partir de objetos conservados y de recuerdos fragmentarios, esta obra evoca la vida de
Jean-Marie, antiguo prisionero de guerra cuya historia se transmitió más a través del
silencio que de las palabras.
Tras regresar de un exilio impuesto, reconstruyó su vida trabajando en el mantenimiento de
las vías del tren, mientras su esposa cuidaba los pasos a nivel.
Las vías se convierten aquí en el símbolo de una existencia marcada por el desarraigo, la
continuidad y la reconstrucción silenciosa.
La obra rinde homenaje a una memoria discreta, en la que sobrevivir y seguir adelante
constituyen, por sí mismos, una forma de dignidad.