En un pequeño pueblo cantero del departamento de Mayenne, Célestine fue secretaria del
ayuntamiento durante treinta y cinco años. A través de las actas de nacimiento, matrimonio
y defunción que redactaba con su cuidada caligrafía, vio pasar varias generaciones y llegó a
conocer casi todas las historias del pueblo. Discreta y entregada, también crió a sus tres
hijos mientras desempeñaba su trabajo con rigor.
Su nieta Eline conserva con cariño su antiguo tintero, símbolo de una vida dedicada a dejar
constancia de los momentos más importantes de la vida de los habitantes. Aún hoy, el
recuerdo de Célestine permanece tanto en los archivos como en la memoria colectiva del
pueblo.